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LAS ARMAS NO MATAN

El Anexo / Arte Contemporáneo

Curaduría: Félix Suazo y Gerardo Zavarce

3 noviembre - 16 diciembre 2013

 

 

En Venezuela, cuando alguien está en lo cierto o sigue la pista correcta, se dice que “por ahí van los tiros”. Pero cuando de armas se trata, no hay que tomarse las cosas a la ligera y dejarse de “pistoladas” porque cualquiera puede ser el blanco de un disparo. Según la Encuesta Nacional de Victimización realizada en el 2009 “La proporción de uso de armas de fuego en situaciones de victimización delictiva para los delitos de homicidio, robo y secuestro se eleva a 79,5%, 74% y 79,2%, respectivamente” .

 

Enmarcado en ese panorama, la exposición “Las armas no matan” de Jesús Hernández-Güero (La Habana, 1983), nos coloca ante un “arsenal” iconográfico, confeccionado a partir de informaciones recabadas en las páginas de sucesos, a propósito de diversos hechos delictivos, perpetrados con armamento de corto y mediano alcance. De allí resulta un inventario de pistolas, revólveres y rifles, cuya imagen impregnada de pólvora se reproduce serigráficamente sobre tela, cual si hubieran sido estampadas “a quema ropa”. En tal sentido, el artista propone una sintaxis cruzada donde el significado se deriva de la yuxtaposición estratégica de la materia y la imagen.

 

La frase que da título al proyecto abre una zona de ambigüedad discursiva, al afirmar algo que desde la óptica del sentido común parece insostenible. Paradójicamente, si nos apegamos de manera estricta al significado de las palabras, las pistolas impresas de Hernández-Güero “no matan”, de la misma manera en que la pipa pintada de Magritte no es una pipa. En su resolución instalatoria la propuesta de Hernández-Güero se desarrolla en un escenario oscilante, a medio camino entre el gabinete de un coleccionista de armas y un campo de tiro. Por un lado, los “hierros” están cuidadosamente dispuestos y jerarquizados en las paredes, siempre apuntando en la misma dirección. Por otro lado, el suelo está cubierto de casquillos vacíos sobre los cuales debe caminar el espectador.

 

Ubicado en ese lugar de intersecciones -sitio de contemplación y de experiencia- el sujeto queda atrapado “entre dos fuegos”, con los ojos puestos en la textura granulada de la pólvora –piel y contorno de las armas- y sintiendo bajo los zapatos el crujir de las conchas despúes de la balacera. En este punto, el autor nos coloca ante una de las preguntas cruciales de nuestro tiempo: ¿qué puede hacer el arte frente a la violencia?.

 

En realidad, el arte no puede detener las balas, ni neutralizar el efecto mortífero de los más de 450 millones de armas que según un informe de la Interpol, hay en el mundo en poder de civiles. Tampoco puede impedir que cada año mueran unas 240.000 personas por esta causa. Lo que el arte si puede hacer es intentar redireccionar la violencia, como lo han hecho Chris Burden cuando se hizo disparar en su brazo izquierdo (Shoot, 1971) o Tania Bruguera cuando se colocó un revolver cargado en la cien mientras impartía una conferencia (Autosabotaje, 2009). En el caso de la exposición “Las armas no matan” de Hernández-Güero, el problema de la violencia se aborda de manera multifocal, repartiéndose entre la pregnancia sensible de la imagen, el significado de los materiales y la conducta corporal del espectador. El riesgo es compartido, nadie está a salvo, cualquiera puede ser sorprendido como Pedro Navaja por “un Smith & Wesson del Especial”.


 

Obra en exhibición:

LAS ARMAS NO MATAN

Instalación.

24 dibujos con pólvora de armamento sobre lienzo / 11 mil casquillos de 9mm y cartuchos de escopetas.

2011-2013

 

WEAPONS DO NOT KILL
El Anexo / Arte Contemporáneo
Curator: Félix Suazo and Gerardo Zavarce
3 November - 16 December 2013

 

In Venezuela, when someone is right or follows the right track, it is said that "there goes the shots." But when it comes to weapons, you should not take things lightly and stop being "pistoladas" because anyone can be the target of a shot. According to the National Victimization Survey conducted in 2009 "The proportion of firearm use in situations of criminal victimization for the crimes of homicide, robbery and kidnapping amounts to 79.5%, 74% and 79.2%, respectively ".

Within this context, the exhibition "Weapons do not kill" by Jesús Hernández-Güero (Havana, 1983), places us before an iconographic "arsenal", made from information collected in the pages of events, about various Crimes committed with short and medium range weapons. An inventory of pistols, revolvers, and rifles follows, whose image, impregnated with gunpowder, is reproduced serigraphically on cloth, as if they had been stamped "to burn clothing." In this sense, the artist proposes a cross syntax where the meaning is derived from the strategic juxtaposition of matter and image.


 

The phrase that gives title to the project opens an area of ​​discursive ambiguity, when affirming something that from the point of view of common sense seems unsustainable. Paradoxically, if we strictly adhere to the meaning of the words, Hernandez-Guerero's printed pistols "do not kill," in the same way that Magritte's painted pipe is not a pipe. In its installation resolution, Hernández-Güero's proposal takes place in an oscillating scenario, halfway between the cabinet of a weapons collector and a firing range. On the one hand, the "irons" are carefully arranged and hierarchical on the walls, always pointing in the same direction. On the other hand, the floor is covered with empty caps on which the viewer must walk.

Located in this place of intersections - site of contemplation and experience - the subject is trapped "between two fires", with eyes on the texture granulated gunpowder - skin and contour of the weapons - and feeling under the shoes the creaking Of the shells after the shooting. At this point, the author places us before one of the crucial questions of our time: what can art do in the face of violence ?

In fact, art can not stop the bullets, nor neutralize the deadly effect of the more than 450 million weapons that according to an Interpol report, there are in the world in the hands of civilians. Nor can it prevent about 240,000 people per year from this cause. What art can do is try to redirect violence, as Chris Burden did when he shot his left arm (Shoot, 1971) or Tania Bruguera when he placed a revolver loaded in the hundred while imparting a lecture (Self-sabotage , 2009). In the case of Hernández-Güero's exhibition, "The Weapons Do not Kill", the problem of violence is addressed in a multifocal manner, divided between the sensitive pregnancies of the image, the meaning of the materials and the corporal behavior of the spectator. The risk is shared, no one is safe, anyone can be surprised like Pedro Navaja by "a Smith & Wesson of the Special".

Work on exhibition:

WEAPONS DO NOT KILL
Installation.
24 drawings with powder gunpowder on canvas / 11 thousand 9mm bushings and shotgun cartridges.
2011-2013

 

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